El novato del año

Jugador de banca

Jugador en la banca1

A nivel amateur, no todo son músculos y pirotecnia física, hay muchas otras cosas importantes que constantemente nos recuerdan a este tipo de compañeros de equipo.

Finta: Anécdota de futbol americano

Hay de novatos a novatos

Normalmente, los jugadores que ganan el premio del novato del año se destacan por sus habilidades para el juego: fuerza, velocidad, técnica, visión de campo, etcétera (entre otras habilidades que desarrolla el futbol americano).

Ser novato y jugar al mismo nivel que otros jugadores con más experiencia no es nada fácil, sobre todo no lo es en el futbol americano, puesto que para la mayoría toma años dominar las habilidades necesarias, eso si llegan algún día a dominarlas

Hay otra clase de novatos: jugadores a los que la naturaleza no favoreció y que algunas veces batallan incluso para poner un pie por delante del otro al correr. Como es de esperar, esos jugadores no participan mucho en los encuentros, aunque, al igual que todos los demás, dejan la piel y la sangre en el —a menudo rasposo— campo de entrenamiento. Suelen, por su limitada gracia, dejar incluso más que el resto.

Pero a nivel amateur, no todo son músculos y pirotecnia física, hay muchas otras cosas importantes que constantemente nos recuerdan a este tipo de compañeros de equipo.

Apodos en el futbol americano

“La Mamba”

Tal es el caso de “La Mamba”, uno de mis compañeros, que se había ganado el mote por su escuálido cuerpo y el desproporcionado tamaño de la cabeza. Su apariencia y nuestro uniforme verde lo hacían parecer una de las serpientes que le daban apodo: una mamba verde. El susodicho llegaba temprano a entrenar, no faltaba nunca y era el más entusiasta de todos.

Ya entrados en temporada regular, “La Mamba” animaba desde la banca a los que estaban en el campo de juego: con el jersey siempre reluciente, arrojaba palabras de admiración si hacías algo bien, y trataba de empatizar contigo si te habías equivocado. Varios de los compañeros no se explicaban cómo era que seguía ahí. No pudieron más que llegar a la conclusión de que era masoquista, pensaban que sólo a alguien a quien le gusta el dolor podía aguantar, sin ninguna recompensa, el esfuerzo de los entrenamientos, los regaños de los entrenadores y los golpes de los compañeros.

Un buen día, el partido estaba empatado en el 4to cuarto y contra uno de los rivales más duros que recuerdo. “La Mamba” tuvo que entrar a jugar, ya que dos jugadores en su posición se habían lesionado y no había nadie más; tenía los ojos brillantes por la ilusión, las manos temblorosas de miedo y, como siempre, el uniforme limpio.

Prevenir lesiones en el futbol americano

El novato del año

“La Mamba” no dio la sorpresa. En la única jugada en la que estuvo en el campo intentó hacer su trabajo, pero recibió un golpe como pocos: dos jugadores del otro equipo lo hicieron rodar varias yardas por el suelo. Después de los silbatazos de los árbitros, “La Mamba” quedó en una posición digna de cualquier silueta de escena del crimen.

Ninguno de los jugadores de nuestro equipo, en el campo de juego o en la banca, volteó a ver al entrenador o a otro de sus compañeros, como normalmente pasa después de un gran golpe. En cambio, todos fueron directamente a agredir a los dos “asesinos” que habían golpeado a “La Mamba” —lo que resultaba completamente inexplicable para el público y los miembros del otro equipo, puesto que la jugada había sido legal—.

Después de la reacción inicial, el juego de futbol americano se convirtió en una pelea callejera. Los jugadores contrarios llegaron a auxiliar a sus compañeros y la pelea se emparejó. Sobra decir que perdimos el juego y recibimos un intenso regaño, con su posterior castigo, por haber recurrido a tácticas pandilleriles en nuestro afán por vengar a nuestro compañero. A “La Mamba” nadie le reclamó nada. Los sentimientos de derrota y vergüenza se atenuaban con la satisfacción de haber defendido a nuestro compañero de equipo, nuestro fan, nuestro amigo.

“La Mamba” siguió unos años más en su carrera como jugador de futbol americano. Con el tiempo se volvió mejor, pero nunca llegó a ser ni medianamente bueno. Sin embargo, para nosotros, aquella temporada, él fue el novato del año.

“La Mamba” sigue siendo amigo de varios de los miembros de aquel equipo, y resulta que sus habilidades para enfrentar la vida son mejores que las de muchos de los mejores jugadores de esas épocas. Tanto mejores, que ha habido ocasiones en las que nos hemos tenido que apoyar en él cuando hay problemas.

En lo que toca al juego: la mayoría de nosotros no aspiraba a ser una estrella del deporte, nuestras jugadas no quedarían para la posteridad, no ganaríamos millones jugando y no tendríamos autos de lujo con hermosas modelos como copilotos; terminó por ser irrelevante quién de nosotros jugaba bien o mal. Años después, lo importante eran las experiencias que habíamos compartido, la gente que habíamos conocido y lo bien que la pasábamos recordando los años en los que fuimos jugadores.

Enseñanzas del futbol americano

Imagen

1 Imagen vía Flickr por Jay Phagan – CC BY.

Acerca de EduardoSH

Eduardo es ingeniero industrial y de sistemas, fue jugador de futbol americano en diferentes equipos en Guadalajara y Sonora, además de que ha sido entrenador desde hace un par de años.

Desde 2009, Eduardo se dedica profesionalmente al blogging y ha participado en diferentes publicaciones tratando diferentes temas. Yarda35 ha sido la oportunidad para él, de reunir dos de sus pasiones: la escritura y el futbol americano.

Encuentra a Eduardo en Facebook.

Comentarios

  1. :´)

Deja un comentario