Finta

Coach dando instrucciones al equipo

Coach dando instrucciones al equipo*

El partido era una especie de ultimátum: todos estábamos en la cuerda floja, entre la banca y la titularidad.

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Un partido importante

Aquel sábado me levanté a las 8:00 a.m. Estaba nervioso, teníamos un juego de entrenamiento, justo al mediodía, en el que se decidirían las posiciones titulares, así que debía jugar bien; sobre todo porque últimamente el coach no estaba muy contento con el equipo, habíamos estado faltando mucho a las prácticas. El partido era una especie de ultimátum: todos estábamos en la cuerda floja, entre la banca y la titularidad.

Así que con más flojera que ganas puse café y preparé un pan con miel de abeja, ése era mi desayuno y parte de mi rito de antes de cada partido. Puse AC/DC a todo volumen y desayuné tranquilo imaginando que era el héroe del partido o que hacía las mejores jugadas.

Luego fui a la sala a estirarme —quien me hubiese visto pensaría que hacía yoga—, para dos horas antes del partido encaminarme al campo en el que sería el juego. Solía llevarme un balón, ya saben, para irme mentalizando, el loco en el camión que finge recibir en caja un balón que ya trae en las manos.

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Listo para los contrincantes

Llegué como una hora antes. Como siempre, busqué al otro equipo, me gustaba verlos calentar en el campo, o haciendo driles antes del partido; les ponía mucha atención y me imaginaba contra cuál de aquellos jugadores me tocaría enfrentarme, y claro, en mi imaginación yo siempre era mejor que ellos. No se veía a nadie del otro equipo en el campo, así que me conformé con empezar a vestirme.

Mis compañeros fueron llegando uno a uno, y como 15 minutos antes de la hora pactada para el encuentro, llegó nuestro coach; para ese momento ya estábamos los 45 jugadores, por fin juntos, vestidos y listos para demostrar en el campo de lo que estábamos hechos.

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La finta

Nos empezamos a equipar, llegó el mediodía y ni señales de los rivales, el lado de los visitantes se veía desolado y triste, mientras nosotros íbamos de los nervios previos a un partido a una impaciencia casi incontrolable. Las preguntas no se hicieron esperar: ¿Dónde estaban los contrarios? ¿Ya se reportaron? ¿Qué pasaba con ellos?

El coach nos dio la espalda y se encaminó al centro del campo, en silencio. Nosotros simplemente lo observábamos. Levantó una mano y nos convocó al centro, nos pidió que pusiéramos una rodilla en el suelo, tenía la mirada dura, algo andaba mal, se podía sentir en su actitud.

Por fin algunos compañeros lograron romper la tensión y empezaron a preguntar de nuevo por los contrincantes, ¿habían cancelado o acaso sufrieron algún accidente o llegarían más tarde? El entrenador no se inmutó ante los cuestionamientos, sólo con un gesto de su dedo índice en los labios nos pidió que guardáramos silencio, y cuando ya estuvimos a su disposición, atentos como quien espera ser nombrado caballero, sonrió y dijo:

—La jugada de hoy es, con un engaño de juego, 1-2 entrenamiento. ¿No que no venían señores? Órale a entrenar.

Después de eso, todo jugador de futbol americano puede imaginarse lo que sucedió, fueron dos horas de sufrimiento y una enorme y constante sonrisa del coach: habíamos caído en su finta.

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Imagen

*Imagen por Angélica Martínez CC-BY-SA-3.0, via Wikimedia Commons.
*Actualizado el 20 de noviembre de 2014: se agregaron los subtítulos.

Acerca de Sibrian Arciniega

Jugó futbol americano con Ocelotes de la UNIVA, de 1998 a 2006. En el mismo equipo, fue entrenador ofensivo en categoría juvenil.
Es Lic. en Psicología. Poeta y promotor cultural. Fue entrenador de tocho bandera en el equipo de Tigritas en Guadalajara, Jalisco.

Comentarios

  1. JEJE ALGO RARO PERO CHIDO JAJA

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