Sigue moviendo las piernas

Corredor en segundo esfuerzo

Corredor en segundo esfuerzo

Como en la vida diaria, si dejas de mover las piernas se seguro que te irá mal, no hay peor forma de recibir un golpe que esperarlo quieto.

Inicié mi vida universitaria en Guadalajara, ciudad en la que me di cuenta que como jugador de futbol americano seguía siendo un novato y había mucho por aprender aún, como, por ejemplo, “el segundo esfuerzo”, legendaria frase de Vince Lombardi, o “ningún rival es tan pequeño que no pueda derribarte, ni tan grande que sea invencible”.

En la universidad que elegí para estudiar (bueno, es un decir, realmente debo confesar que elegí esa universidad porque era la única en su momento, hasta donde yo sabía, que ofrecía futbol americano entre sus propuestas de deportes, así que debo decir, mejor, que en la universidad que elegí para jugar y estudiar) hizo convocatoria para su selectivo. Así que tomé esa opción; por comodidad podía salir de clases e irme a entrenar. Así fue como empecé a jugar más en forma.

El equipo se formó con estudiantes de la universidad y con jugadores de un equipo que tenía el coach antes de empezar a armar el selectivo; así que nos fuimos acoplando, entre novatos y veteranos.

Como todo buen novato, la mayoría éramos los estudiantes, uno se tenía que ganar el derecho a jugar; al respecto no puedo decir qué se siente ser un jugador de 8 jugadas en infantiles, puesto que no las jugué, pero creo entender esa sensación, aunque ya en la universidad, en intermedia, sé lo que se siente ser banca durante un año, y lo que aprendí es que la banca educa. ¿Quieres salir de la banca? Esfuérzate; te dan una jugada en todo el partido, eso es lo que tienes: una jugada para demostrar que estás listo para más.

Recuerdo con mucho cariño y algo de nostalgia aquellos tiempos, algo así como “fuimos héroes”, tal vez exagero en la expresión, pero no en el sentimiento. El gran aprendizaje que recibí en este equipo de Guadalajara fue vivirlo como una familia, con un headcoach que día a día se preocupaba por sus jugadores, tanto por el nivel de juego como por sus vidas personales.

Bueno, como decía, yo era estudiante foráneo, habíamos varios en esa situación, aquí en Guadalajara es común en los equipos tener gente de otras ciudades, yo era uno de esos, y tuve varios compañeros a los que nos llamaban los “estudihambres” foráneos, porque era cierto, nunca traíamos dinero, llegábamos sin comer a los entrenamientos, eran tiempos difíciles; al grado que nuestro headcoach al darse cuenta de nuestra famélica situación empezó a llevarnos lonches (que preparaba su esposa) a los entrenamientos, nos pedía llegar una hora antes para que comiéramos y poder entrenar mejor. Sé que suena cursi, pero así fue, él nos cuidaba como un tío o un padre, y nos aconsejaba; pero no por eso tenía consideración a la hora de estar en el campo.

En esos tiempos, como se podrán imaginar, yo tuve muchas broncas para adaptarme a una nueva ciudad y, ahora que lo pienso, sin el futbol americano tal vez no lo hubiera superado; empecé a faltar a la escuela, no encajaba en la sociedad tapatía, no podía adaptarme. Por lo que en algún momento empecé a flaquear, y me di de baja de la universidad, aunque no abandoné el americano; pensé en cambiarme de escuela o de carrera o regresarme a mi ciudad.

En ese punto de mi vida, como jugador, yo estaba mejorando, ya jugaba más y me tenían más confianza; mi relación con los coaches y con mis compañeros de equipo era más cercana. El headcoach, con esa sensibilidad de un formador interesado por sus jugadores, se dio cuenta que algo no andaba bien y habló conmigo, más o menos recuerdo lo que me dijo de mi situación, palabras más, palabras menos:

“El futbol americano te forma, te da carácter, te quita lo agachón, te enseña que siempre hay opción; tal vez te mandaron de nalgas en un golpe, pero debes recordar que habrá más golpes; tal vez soltaste el balón en una jugada, pero entonces debes recordar que estás en un partido y que habrá otras jugadas; tal vez perdiste el partido, pero debes recordar que estás en temporada y vendrán otros partidos; tal vez tengas una temporada perdedora, pero debes recordar que siempre habrá otra temporada; y si algo sale mal, siempre habrá manera de hacerlo bien la siguiente vez.”

“Aprendemos, como en la vida, de los golpes, de las derrotas y de la victorias… Mira, es como un corredor (posición que yo jugaba en mis primeras temporadas), cuando te dan el balón y tienes que pasar por el hueco que te asignaron, y este no lo pudieron abrir los linieros, sigues moviendo las piernas, buscas otro espacio, encuentras otro espacio y sigues moviendo las piernas y no te digo que si haces esto te va a ir bien… No, no hay garantía… el otro también juega, puede ser que ese nuevo hueco esté abierto pero también que el linebacker lo haya visto y dispare, y si tomas esa opción te puedes estrellar con él o pasar antes de que te pegue; lo que sí sé, y esto te lo garantizo, es que, como en la vida diaria, si dejas de mover las piernas se seguro que te irá mal, no hay peor forma de recibir un golpe que esperarlo quieto, sin moverte, estático, sólo puedo garantizarte que si dejas de mover las piernas te irá peor…”

“Es lo mismo, te saliste de la carrera (universitaria) y sientes culpa, te sientes mal porque la regaste, y ahora quieres quedarte quieto, esperando el golpe… Sólo puedo decirte que mi consejo es: cuando algo sale mal, tú sigues moviendo las piernas, no te quedes quieto a esperar el golpe, mueve las piernas, debes ser tú quien vaya y golpee a lo que sea que quiera detenerte.”

Después de esta charla con el coach, me di cuenta que no todo estaba perdido, cambié de opción (hueco) en la misma universidad, elegí otra carrera y terminé la licenciatura; no puedo decir que fue sólo esta charla, pero sí fue el inicio, al menos, para cuestionarme qué quería y cómo lo quería, y me di cuenta del significado de seguir moviendo las piernas, tal como me lo enseñó mi coach en el campo, lo pude trasladar a mi vida como estudiante y actualmente a mi vida diaria. Sigues moviendo la piernas y buscas otras opciones, eres tú quien golpea a lo que sea que quiera detenerte; así se trate de tus propios miedos.

Imagen vía Flickr por John Martinez Pavliga – CC BY. 

Acerca de Sibrian Arciniega

Jugó futbol americano con Ocelotes de la UNIVA, de 1998 a 2006. En el mismo equipo, fue entrenador ofensivo en categoría juvenil.
Es Lic. en Psicología. Poeta y promotor cultural. Fue entrenador de tocho bandera en el equipo de Tigritas en Guadalajara, Jalisco.

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